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La indignación hierve bajo mis sienes desde que el otro día, viendo el telediario en Antena 3, contemplé a señoras que, ostentando en su apariencia alcurnia y postín, se regalaban desbordando emoción en sus palabras y por sus ojos un prurito, no sé muy bien de qué, si de varón de culito prieto o de artes de matarife, con el recuerdo de la faena brindada por algún matador de toros, al ser entrevistadas en la salida de un ruedo, recién finalizada eso que llaman “corrida”.
Náuseas me provocó el espectáculo de damas que pretendían dignificar su realeza no con la exposición de sus nobles acciones o con el fruto social de su trabajo, sino con la detallada descripción en términos especializados de las técnicas de martirio menos sofisticadas que jamás se hayan empleado en las cámaras de tortura.
Lo que vi fue: señoras, de cuya dignidad huelga dudar, de cuerpo enjuto vestido con ostentación y de faz lustrosa de crema hidratante con los pliegues de la dermis tremolantes de emoción al recordar con ansia y fruición en su verborrea, con deseo y éxtasis en su mirada desorbitada, los “pases” y “faenas” con que les brindó un vigoroso cuerpo vestido de luces al que alababan idolatrándolo y llamaban “Matador”.
Acaso en los años yermos en que la edad te vuelve estéril busques la lubricidad genital combinando sol, sangre, dolor ajeno, arena y un cuerpecito recio perlado de sudor y rebozado entre coágulos y humores que con el rostro salpicado de rojo y la mirada brillante te brinda un trozo de carne arrancado a la víctima (oreja, rabo y –¡OH! ¡Sí!– ¡Las turmas!) reconociendo que por ti y para tu deleite arriesga su vida y es verdugo de otros. Por ti y, sin duda alguna, por tu bolsillo.
Pero lo que ha provocado mi indignación no es esa búsqueda de unos atributos perdidos. Lo que me indigna es el mal gusto de la cadena televisiva al ofrecer el triste espectáculo de unas damas, de cuya dignidad nadie quiere dudar, hallando el aliciente a sus días y el motor de su sexualidad en unos ritos de reproducción ancestrales, perdidos en los albores de la humanidad. Como decía Pink Floyd, todos somos peces de colores nadando en una misma pecera, no vamos a juzgar a quienes podrían ser nuestras madres o abuelas por querer mantener su estimulación glandular a pesar de que hierren en los mecanismos. Pero que una empresa de comunicación utilice estas circunstancias para ganarse una audiencia siento que está atentando a mis propios derechos: derecho de mis mayores a ser respetados, no exponiendo su miseria a los ojos de los demás; derecho de nosotros mismos a no ser heridos en nuestra sensibilidad con imágenes escabrosas de tortura (recuerdo que la justificación de este tipo de imágenes es la denuncia y la concienciación) y sobre todo, derecho de todo ser vivo a ser respetado, a ser tratado de una forma digna, años hace que hemos abandonado la ejecución pública como espectáculo; aunque hay quien lo lamenta.
Por todo esto, porque se han vulnerado mis derechos y me siento herido, he tomado, después de reflexionar profundamente, una resuelta decisión: VOY A HACER HUELGA DE ANTENA 3. No invito a nadie a que me siga. Es una decisión personal. Allá cada uno con su conciencia. Desde hoy mismo y hasta el 31 de mayo Antena 3 TV no existe para mí. Que nadie me siga y, si alguien lo hace, que sea por propia convicción, porque no habrá recompensa alguna. Son muchos los intereses en la retransmisión televisiva de este tipo de espectáculos los que harían silenciar públicamente la huelga e incluso mentir de forma desfachada acerca de su seguimiento. Pero desde ahora y hasta el 31 de mayo no siento ninguna vergüenza por mi conciencia.
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